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Derechos de imagen de un ser invisible

Dos individuos con pinta de indigentes se pusieron a discutir a voces en lengua polaca o no sé. Un turista rubio que pasaba por allí echando fotos con una cámara réflex, tomo varias fotos de la escena. Cuando se iban a enzarzar a puñetazos, el más bajo y débil de los dos (el que gritaba menos por aparente ausencia de argumentos), dirigió su atención al de la cámara y le dijo que les dejara en paz, y buscó aprobación en el otro, que ya le tenía cogido por la solapa del traje desaliñado… Un intento evidente de olvidar la disputa con su amigo, y dirigir sus furias contra un enemigo común, otro, un animal pijo de otro mundo. El rubio, a una distancia prudente, siguió tomando fotos como si aquellos fueran actores de un show callejero.

—¡No robes mi imagen, cabrón!— dijo el de apariencia más fuerte y sensata.

El turista, retrocedió unos pasos ya como para irse, pero se volvió y apuntó de nuevo su objetivo hacia sus caras rabiosas. El bajo, ya salvándose de la pelea con su amigo, se dirigió al fotógrafo con intención de darle una lección.

—¡No robes imagen de mi amigo te dicho, tú mamón!— decía con acento extranjero.

En ese momento me levanté de mi banco masticando lo que quedaba del bocadillo de jamón, y eché de menos tener una cámara de fotos o de video para inmortalizar lo que estaba pasando y lo que iba a pasar. El indigente echó a correr hacia el turista, el turista trotó un poco y salió de la plaza pero sin intención de correr mucho más, como pensando que su perseguidor solo quería espantarle un poco, pero al volver su mirada se dio cuenta de que aquel no sólo no se había detenido sino que venía más rápido.

Por Calle Arenal se vio corriendo entonces a un vagabundo persiguiendo a un turista, gritando ¡Ladrón, ladrón! Y detrás de ellos, yo.

Al final, la gente no entiende que ha sucedido, pero saben que la culpa no puede ser de un rubiales con una cámara de fotos tan bonita, y que seguramente el empercudido este debe ser un sinvergüenza buscando problemas. El rubio entró en un bar para usar a la gente de protección. Cuando entró el vagabundo, salió con una patada en el culo a los pocos minutos.

Le seguí de vuelta a la Plaza Isabel II, donde todo había empezado, y vi el reencuentro con su compañero. Le contó en su lengua lo que había sucedido. Bueno, yo no entendí nada, pero imagino que no le estaba hablando del partidazo de la Eurocopa, Holanda – Francia.

Después, rieron juntos.

Después, empezaron a discutir a voces de nuevo.

Después se calmaron.

La gente seguía saliendo del Metro de Ópera, cruzando la plaza, invadiendo las calles, tomando fotos, reuniéndose con amigos… totalmente ajenos a lo que había sucedido hacía pocos minutos. Después de 128 años, ninguno de los que ahora estamos respirando seguirá con vida, otros estarán en nuestro lugar con sus nuevas tecnologías y sus nuevos calzados, totalmente ajenos a lo sucedido pero andando las mismas calles y fotografiando las mismas estatuas. Quizá lean los blogs que una vez se escribieron, y usen este texto en una clase de filosofía para hablar del concepto de propiedad, o exclamen ¡Huy, mira lo que pasó en Ópera una vez! y se pregunten si esto es ficción. Los vagabundos seguirán siendo, si no se han extinguido entonces, parte del decorado, seres que solo se hacen visibles al leer a Bukowski.

Le di un euro al tipo, aunque no para tener el derecho de publicar su historia.

Isla Yuki

Dicen que en Salamanca la que no es puta es manca. Quizá esto tenga algo que ver con el estado del aura de Yuki. Desde que volvió de allí, anda un poco turbia y macilenta. Cuando no está en la U, permanece encerrada en su zulo escuchando bebop, death metal, zeuhl, folk psicodélico… Pero tiene que salir, no puede quedarse ahí todo el tiempo, pienso, al menos tiene que salir a recolectar alimentos del frigorífico. Tendrá que salir a mear. Aunque cabe la posibilidad de que mee en una palangana, y luego arroje el orín por el balcón. O espere a que todos estemos dormidos, para salir y vaciar la palangana en el retrete. No quiere vernos, eso está claro. Pero no es por culpa nuestra, creo que tiene mal de amores o algo parecido. Creo que cuando se fue a Salamanca fue con una amiga, que sospecho que era más bien “amiga horizontal”. Eso sí, una amiga horizontal acostumbrada a ser tal, no como Yuki que en cuanto folla se enamora. Ahí ha debido de estar el conflicto que ha configurado su estado actual. Aquella amiga que ha traído un par de veces a casa, sí, ella debe ser. Pero volviendo al encierro de Yuki, alguna vez sí que ha salido para ir a la cocina a hacerse un bocata o a cagar silenciosamente en el baño. Cuando le he preguntado por Salamanca me ha dicho que no le hable de Salamanca. Cuando le he preguntado de cualquier otra cosa, se ha puesto habladora pero circunspecta y difuminada hasta olvidar mi pregunta y enmbarcarse en una colchoneta inchable descolorida a la deriva por una corriente de pensamiento interno que le aísla tanto como si siguiera encerrada en su habitación, da la impresión de que podrías marcharte y ella igual seguiría allí plantada hablando, porque de todas formas ella no mira a la cara cuando te habla, si está hablando contigo su cara apunta a otro sitio, normalmente hacia el suelo a su derecha.

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Tat twan asi

La contubernal japonesa tiene una bonita historia detrás. Pero resumiendo, como hace ella cuando le preguntan qué está haciendo en Madrid, se puede contar que salió de su país un poco atraída por el carisma europeo, un poco porque no quería vivir en Japón, un poco quizá porque llevaba huir escrito en los genes. Vivió en Londres, cómo no, luego algún año en Australia, luego una corta estancia dinámica en los EUA que le llevó hasta México. Y es aquí, quizá en el DF, quizá haciendo el amor con un gringo en el Desierto de Sonora, o tomando una Margarita en Guerrero Negro, o qué sé yo, pero fue en México donde empezó su

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La noche de los muertos vivientes.

En el fondo sabéis que es todo mentira. Sí, suena muy bonito, vamos todos juntos a leer, huy sí, qué bonita es la lectura, la cultura, qué lindas suenan algunas palabras como luna, almohada, libertad y melanóma. Qué grande la fantasía, la imaginación,… Hay que fomentarlo, coño, que todos leamos, que leer es hablar con un mismo para entender a los demás, huy sí. Pero en el fondo, es un truco más, ¿no? El Corte Inglés despliega estanterías en la calle, los curiosos viandantes se arriman a los libros, como perros que se acercan a oler el culo del nuevo perro. En Barcelona, a muchos supongo le han regalado libros que nunca van a leer, o que fingirán haber leído. Mucho mejor regalar una rosa, que sea barata y se marchite pronto. Es todo una excusa más para que consumamos, y mejor si consumimos cosas que luego nos van a consumir, que nos van a mantener entretenidos, como las películas o la televisión del Metro. Eso sí, habremos nos gastado unos eurillos como ellos querían, y entre páginas andaremos entretenidos —también como ellos querían— en mundos de fantasía, realidades paralelas, introspecciones y deleite poético, demasiado entretenidos para darnos cuenta de que somos baterías y empezar a ver columnas de numeritos como el Neo este de Matrix; pero oye, nos sentiremos más cultos, esclavos, pero cultos.

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Deja que investigue

Promiscuidad sexual subterránea

La noticia de la que ya todos han oído hablar, —y que en cierto modo es un caso más en que la ciencia corrobora algo que ha sido siempre sabiduría popular o animal—; esta noticia, digo, la oí yo por primera vez en una curiosa situación.

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Cómico mensaje de la Agencia Española de Cooperación Internacional

Hace unos meses solicité una de las Becas MAE-AECI, para estudiar un máster en una universidad hispanoamericana. Hace unos días recibí contestación:

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La primera autofelación fotografiada

Una de las primeras cosas que tenía que hacer después de haberme instalado en Madrid, era actualizar mis datos del INEM dando parte de mi cambio de domicilio. No fue hasta hace unos días que tuve por fin una mañana libre y la dediqué a esto. Mientras esperaba mi turno llamé a Enrique Villalba, un amigo de Barcelona, a ver si estaba libre el viernes para hacerle una visita. Me había dicho que él podía hablarme bastante sobre Tadeusz Tatarkiewicz; pero no habíamos podido citarnos antes porque ambos andábamos bastante ocupados.

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Caminante sonriente. Dos párrafos solo.

Si ven por Madrid a un tipo que camina sonriendo, quizás sea yo. No ocurre siempre, pero sí con cierta frecuencia, que a pesar de todo puedo encontrar divertido, simpático o agradable cualquier tontería, y créanme que la calle está llena de tonterías, y cada una es un ser vivo que encierra en sí una belleza descomunal que, como el genio de la lámpara que sólo sale al frotar, esta sólo se sale de su prisión detonada por la actitud del caminante. Un acento extranjero, un rótulo con faltas de ortografía, una mujer que va toda seria con tacones y carpeta negra al brazo y a cada paso su pelo se agita siguiendo un patrón parecido al de los tentaculillos de una medusa que vuela por el agua,... son cosillas que tienen magia y uno no es de piedra.

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Un extraño sujeto en París

Ahora mismo y desde hace casi un mes resido en Madrid, en una habitación alquilada que puede considerarse la sede de mi investigación. La mayor parte del tiempo estoy aquí o en alguna biblioteca. Pero puesto que no toda la información necesaria se encuentra en esta ciudad, muy a menudo tengo que viajar a Barcelona, París e Inglaterra (Londres, Oxford y Manchester).

Hay otras ciudades en mi punto de mira como Berlín, Roma, Otívar, Florencia y Nueva York. Y otras ciudades que voy a dejar de visitar: Manchester y París. Motivos para dejar de ir a Manchester los tengo aunque no muy claros; en cuanto a París, el motivo por el que no quiero ir es bastante claro: mi francés es pésimo. Sin embargo, no descarto una visita de ocio cuando acabe con mi trabajo, París ofrece grandes posibilidades y es una ciudad llena de sorpresas y detalles mágicos. ¿Sorpresas y detalles mágicos? Bueno, los detalles puedes no captarlos si vives en la superficialidad, y en cuanto a las sorpresas, no siempre son agradables o siquiera clasificables. A mí particularmente en París siempre me ocurren cosas raras, que no dejan de ser interesantes, pero interesante al modo de una película de David Lynch: mejor verlo en pantalla que vivirlo en las carnes.

La última vez que estuve en París, salí del aeropuerto de Beauvais corriendo, suerte que no tenía equipaje más que el de mano, y llegué a tiempo para asistir al Cabaret Mystique de Alejandro Jodorowsky.

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