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Archivo: Marzo 2008

Caminante sonriente. Dos párrafos solo.

brosi 27/03/2008 @ 20:23

Si ven por Madrid a un tipo que camina sonriendo, quizás sea yo. No ocurre siempre, pero sí con cierta frecuencia, que a pesar de todo puedo encontrar divertido, simpático o agradable cualquier tontería, y créanme que la calle está llena de tonterías, y cada una es un ser vivo que encierra en sí una belleza descomunal que, como el genio de la lámpara que sólo sale al frotar, esta sólo se sale de su prisión detonada por la actitud del caminante. Un acento extranjero, un rótulo con faltas de ortografía, una mujer que va toda seria con tacones y carpeta negra al brazo y a cada paso su pelo se agita siguiendo un patrón parecido al de los tentaculillos de una medusa que vuela por el agua,... son cosillas que tienen magia y uno no es de piedra.

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Un extraño sujeto en París

brosi 18/03/2008 @ 16:45

Ahora mismo y desde hace casi un mes resido en Madrid, en una habitación alquilada que puede considerarse la sede de mi investigación. La mayor parte del tiempo estoy aquí o en alguna biblioteca. Pero puesto que no toda la información necesaria se encuentra en esta ciudad, muy a menudo tengo que viajar a Barcelona, París e Inglaterra (Londres, Oxford y Manchester).

Hay otras ciudades en mi punto de mira como Berlín, Roma, Otívar, Florencia y Nueva York. Y otras ciudades que voy a dejar de visitar: Manchester y París. Motivos para dejar de ir a Manchester los tengo aunque no muy claros; en cuanto a París, el motivo por el que no quiero ir es bastante claro: mi francés es pésimo. Sin embargo, no descarto una visita de ocio cuando acabe con mi trabajo, París ofrece grandes posibilidades y es una ciudad llena de sorpresas y detalles mágicos. ¿Sorpresas y detalles mágicos? Bueno, los detalles puedes no captarlos si vives en la superficialidad, y en cuanto a las sorpresas, no siempre son agradables o siquiera clasificables. A mí particularmente en París siempre me ocurren cosas raras, que no dejan de ser interesantes, pero interesante al modo de una película de David Lynch: mejor verlo en pantalla que vivirlo en las carnes.

La última vez que estuve en París, salí del aeropuerto de Beauvais corriendo, suerte que no tenía equipaje más que el de mano, y llegué a tiempo para asistir al Cabaret Mystique de Alejandro Jodorowsky.

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Amor en tiempo de guerra

brosi 15/03/2008 @ 19:43

Sección 2: F

El soldado se pliega sobre sí, hasta notar en el pene el aliento que brota de su propia boca. Con un último avance de la cabeza, acoge el pene erecto entre las mandíbulas; cuna suave, caliente y húmeda. La lengua se pone juguetona, el sabor sorprendentemente le resulta familiar, el grosor parece mayor del real. Mayor que desde el punto de vista de la mano. Mueve la cabeza hacia delante y atrás, acariciando con los labios prietos el largo del cuerpo carnoso desde la velluda base hasta el capullo y viceversa, y otra vez y otra. Parece tan fácil, cómo no lo habrá probado antes, se pregunta.

»Cuando el soldado abre los ojos, tiene delante de sí un falo bastante grande. Ese no puede ser su propio pene, piensa. Su propio pene, lo comprueba, está allí abajo, donde siempre, entre sus piernas, junto a un personaje religioso que limpia los restos de semen como una aspiradora. El falo que tiene delante de sí, que ya vuelve al interior del pantalón militar, es el del coronel, quien ya se ha corrido en la cara del soldado, y sonríe y pide silencio llevando el dedo índice a formar una cruz con su boca. El cura, ya satisfecho con su agresiva panza, se levanta del suelo, y ambos, cura y coronel, se quedan un segundo eterno allí en pie, mirando al soldado estupefacto, luego se marchan sin decir ni mu. El soldado se pregunta si aquella última mirada es una amenaza o una misiva de amor; y no sabe cuál opción es peor.

Fragmento extraído de El Ejército no es para mujeres. Historias ficticias basadas en experiencias propias y/o de compañeros, de José María Alegre Valldeflors.[1]

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Introducción

brosi 14/03/2008 @ 22:24

Con la represión sexual proveniente indirectamente de la cultura judía, y esparcida por todo el mundo occidental con la influencia expansiva de las corrientes cristianas, y la consecuente tabuización de todas aquellas prácticas alejadas de las meramente reproductivas, el cunnilingus y la autofelación desaparecieron casi completamente de las manifestaciones artísticas populares. Por supuesto, la auto-proporción de placer oral, —de ahora en adelante APPO[1]—, siguió en la conciencia individual; pero al no estar presente en el arte —siendo este no sólo un producto de la realidad sino también un formador de la misma—, y al estar moralmente condenada; quedó relegada al mundo de los sueños inconfesables, (y a los aposentos de la nobleza, ilustrados, masonerías, etc.).

En 1923, con la publicación anónima de una foto en la que, entre otros, parecía estar el presidente de los EUA, Warren Gamaliel Harding, falto total de vestimenta y en una postura forzada que evidenciaba su propósito[2], la autofelación irrumpió en la conciencia social de forma escandalosa, —sumándose además a un irremediable caos diplomático que

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