Introducción
Con la represión sexual proveniente indirectamente de la cultura judía, y esparcida por todo el mundo occidental con la influencia expansiva de las corrientes cristianas, y la consecuente tabuización de todas aquellas prácticas alejadas de las meramente reproductivas, el cunnilingus y la autofelación desaparecieron casi completamente de las manifestaciones artísticas populares. Por supuesto, la auto-proporción de placer oral, —de ahora en adelante APPO[1]—, siguió en la conciencia individual; pero al no estar presente en el arte —siendo este no sólo un producto de la realidad sino también un formador de la misma—, y al estar moralmente condenada; quedó relegada al mundo de los sueños inconfesables, (y a los aposentos de la nobleza, ilustrados, masonerías, etc.).
En 1923, con la publicación anónima de una foto en la que, entre otros, parecía estar el presidente de los EUA, Warren Gamaliel Harding, falto total de vestimenta y en una postura forzada que evidenciaba su propósito[2], la autofelación irrumpió en la conciencia social de forma escandalosa, —sumándose además a un irremediable caos diplomático que
acabaría con la carrera política de Harding—. A pesar de todo, aquello reveló al «pueblo llano», no que el almidonado presidente era en realidad un pervertido, sino que lo que se concebía como perversión no debía considerarse como tal si hasta el mismísimo presidente era partícipe. En efecto, el transcurso del tiempo demostraría que la verdadera perversión estaba en los dedos acusadores que temían una parte natural de sí mismos al contemplar la imagen y sentir la activación de sus músculos imaginativos. La autofelación pues dio un salto tremendo, pasando de un plano individual a estar presente en conversaciones y en programas de radio, en todo el mundo occidental.
Este fue uno de los primeros pasos más notables hacia el hecho de que algunos estudiosos, más tarde, se atrevieran a dirigir sus miradas a esta práctica onanista. Hoy día he podido tener acceso a varios, por ahora pocos, de estos estudios, en su mayoría pequeños ensayos; y de primeras se nota que el tema ofrecía, y ofrece, gran atractivo por varias razones: primero por su carácter de «monstruosidad», segundo por su valor místico espiritual (debido sobretodo a la figura del maestro zen Zhan Djwa, del que ya hablaremos) y tercero por su alto potencial simbólico: narcisismo, la búsqueda del Yo, la serpiente mordiéndose la cola, Saturno devorando —en este caso tragando— a sus hijos, etc.
Comienzo pues aquí mi investigación de los estudios que hay sobre la APPO, la masturbación, y otras prácticas sexuales desdeñadas por la moral social a lo largo de algún periodo de la historia y del presente. Este blog es pues el diario de una investigación, el primer escalón hacia la tesis que me ha tocado escribir, por la que tengo que merodear páginas de la historia del arte y otras disciplinas, en busca de manchas sexuales.
[1] De «SAOP», «self assignment of oral pleasure», término acuñado por Sean Delorean. Sex in Times of Cholera, Oxford, 1910; Oxford University Pressstar.
[2] LOPOVIC, Bob: Warren’s Political Posture, San Francisco, California; 1989; Californication Paperwork.
Tags: represión APPO escándalo estudios
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