Amor en tiempo de guerra
Sección 2: F
El soldado se pliega sobre sí, hasta notar en el pene el aliento que brota de su propia boca. Con un último avance de la cabeza, acoge el pene erecto entre las mandíbulas; cuna suave, caliente y húmeda. La lengua se pone juguetona, el sabor sorprendentemente le resulta familiar, el grosor parece mayor del real. Mayor que desde el punto de vista de la mano. Mueve la cabeza hacia delante y atrás, acariciando con los labios prietos el largo del cuerpo carnoso desde la velluda base hasta el capullo y viceversa, y otra vez y otra. Parece tan fácil, cómo no lo habrá probado antes, se pregunta.
»Cuando el soldado abre los ojos, tiene delante de sí un falo bastante grande. Ese no puede ser su propio pene, piensa. Su propio pene, lo comprueba, está allí abajo, donde siempre, entre sus piernas, junto a un personaje religioso que limpia los restos de semen como una aspiradora. El falo que tiene delante de sí, que ya vuelve al interior del pantalón militar, es el del coronel, quien ya se ha corrido en la cara del soldado, y sonríe y pide silencio llevando el dedo índice a formar una cruz con su boca. El cura, ya satisfecho con su agresiva panza, se levanta del suelo, y ambos, cura y coronel, se quedan un segundo eterno allí en pie, mirando al soldado estupefacto, luego se marchan sin decir ni mu. El soldado se pregunta si aquella última mirada es una amenaza o una misiva de amor; y no sabe cuál opción es peor.
—
Fragmento extraído de El Ejército no es para mujeres. Historias ficticias basadas en experiencias propias y/o de compañeros, de José María Alegre Valldeflors.[1]
Lo que el autor no deja muy claro es si esta historia le ocurrió a él o a uno de sus compañeros. Yo, al tener en cuenta que las historias de este libro —por otra parte, no siempre aisladas unas de otras como unidades absolutas— pueden dividirse en dos bloques, (a saber: aquellas que están contadas en primera persona en las que cuenta experiencias propias, y aquellas en tercera persona empleando nombres casi idénticos a las personas implicadas); y al ver que esta no puede enmarcarse en ninguno de los dos bloques; deduzco pues que está basada en (o calcada de) algo que le ocurrió al propio Valldeflors. El motivo para no escribir en primera persona es seguramente protegerse de posibles reacciones homófonas contra su persona, y además protegerse de la posible reacción de los altos cargos del ejército que se vean implicados. Así Valldeflors opta por disfrazar la realidad con una sábana de ficción.
Tomás Cuero Velloso, en una pésima colección de ensayos literarios comenta «La incertidumbre mostrada en la última frase del relato F de la Sección 2 evidencia una revelación sexual en la consciencia del personaje, pues es bien evidente que un heterosexual no dudaría en señalar cuál opción de las dos (amenaza o misiva de amor) es peor. […] El autor así escoge como cierre de la historia una epifanía sexual, […] algo completamente literario que aleja la historia aún más de la realidad y del resto de las historias de la colección.»[2]
Sobre esto, le preguntaron a Fernando Vallejo en una entrevista para un programa de Canal 10 en Durango, México, y respondió: “Menuda tontera. No sé dónde ese tal Señor Cuero ve epifanía. El personaje era mariquita desde el inicio del relato…, e incluso de antes”
Por su parte, Rafael Reig comenta: «Seguramente esta es la única historia que se puede salvar del libro, y todas esas opiniones en torno a lo sexual me parecen irrelevantes. Es evidente que el soldado no despierta de un sueño, sino que se sumerge aún más; toda la historia es sueño, es decir, realidad. El soldado adopta una actitud narcisista de la que derivan dos personajes, uno es el militar, porque mientras el soldado está amándose, también está en guerra contra sí; está enrollado como un armadillo para aislarse del mundo exterior, pero a la vez se convierte en una imagen ofensiva; con la boca se aspira, se vacía por un lado, solo para llenarse por otro. El cura, por su parte, es la conexión del soldado con Dios, con el macrocosmos, […] Y al final cura y coronel se van juntos porque en realidad son lo mismo»[3]
Algo que me ha sorprendido bastante es encontrar la historia del soldado, en un libro de texto para la asignatura Educación a la Ciudadanía, para estudiantes de 13 ó 14 años. He aquí las preguntas y actividades que proponen tras la lectura:
1) ¿Crees que el soldado se quedó contento o asustado? Justifica tu respuesta.
2) ¿Crees que el coronel y el cura repetirían su abuso de poder asaltando a otro durmiente soldado raso, quizás al mismo de nuevo? ¿Por qué?
3) ¿Crees que todos los curas están pervertidos?
4) Pregunta a alguien que haya hecho "la mili" o esté en el Ejército si ha tenido alguna experiencia similar a la descrita en la historia.
[1] ALEGRE VALLDEFLORS, Juan María: Sección 2, F, El Ejército no es para mujeres. Historias ficticias basadas en experiencias propias y/o de compañeros, Barcelona, España, 1991, Edicions Cap-i-cua
[2] CUERO VELLOSO, Tomás: Obras olvidadas de una España en obras, Barcelona, España, 2001, Edicions Cel-i-sòl
[3] REIG, Rafael: «El escupitajo de Bertolini», Suplemento Babelia, 13 de septiembre de 2002.
Tags: relato críticas microcosmos soldado religión ejército educación literatos sexo
Meneame |
del.icio.us

